Historia Argentina: Periodo de Organizacion Nacional
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lunes, 11 de agosto de 2008

Félix de la Peña

Félix de la Peña (23 de agosto de 1873), político argentino, gobernador de la provincia de Córdoba (Argentina).

Aceptada la renuncia de Mariano Fragueiro, la Sala de Representantes designó el 24 de julio de 1860 a Félix de la Peña como gobernador interino, y tiempo después gobernador "en propiedad". Éste continuó la obra de su antecesor, dividiendo extensos departamentos en áreas que facilitaran su administración. Surgieron de esta manera el departamento San Justo, como un desprendimiento de Río Segundo, y el departamento Unión, del Tercero Arriba. Por entonces, era puesto en marcha el primer molino de vapor en la provincia, siendo las harinas, los productos de cuero y alguna extracciones minerales los que dinamizaban aquella economía cordobesa.

Después del asesinato del gobernador de San Juan, Antonino Aberastian, por el gobernador de San Luis, el coronel Juan Saá, Félix de la Peña condena este accionar y lo responsabiliza de aquella tragedia. La situación se agudiza cuando Saá se dirige con sus tropas hacia Córdoba, organizando el mandatario cordobés las milicias.

El 18 de mayo de 1861, el congreso autorizó al presidente Santiago Derqui a levantar en armas a las provincias de Córdoba, San Luis, Santa Fe, y Santiago del Estero. Simultáneamente, se decidió la intervención federal de Córdoba.

El presidente Derqui instaló su ejército en los campos de La Tablada (Córdoba) y se estableció en la capital cordobesa, donde asumió personalmente la conducción de los destinos de la provincia, remplazando a Félix de la Peña.

Santiago Derqui

Santiago Derqui (Córdoba, 21 de junio de 1809 – Corrientes, Argentina, 5 de septiembre de 1867) fue un político argentino, el primer presidente de Argentina en gobernar el país entero desde la jura de la Constitución. Su breve gobierno —unos dieciocho meses entre 1860 y 1861— acabó con su renuncia al cargo luego de la derrota de la Confederación Argentina en la batalla de Pavón.

Juventud

Derqui nació en Córdoba el 21 de junio de 1809, siendo bautizado Santiago Rafael Luis Manuel José María Derqui Rodríguez en honor a su padre y abuelo, militares de origen gaditano. Tras recibir instrucción privada, como era corriente entre las familias acomodadas de la época, realizó estudios superiores en el prestigioso colegio de Monserrat en la misma ciudad. Entre 1826 y 1831 cursó estudios de derecho y filosofía, y el 22 de diciembre de este año se graduó como abogado por la Universidad Nacional de Córdoba. Obtuvo la cátedra de derecho público pocos años más tarde; sería eventualmente también catedrático de filosofía y vicerrector de la Universidad.

Inicios de la vida política

Simpatizante de la invasión del general José María Paz a su provincia en 1829, editó el periódico oficialista "El Cordobés". Cuando Paz fue capturado en 1831, pidió en nombre del gobernador interino Mariano Fragueiro por la vida del general, aunque probablemente Estanislao López no lo quería ejecutar. Pero Paz le estuvo muy agradecido, y lo acompañó en la cárcel de Santa Fe, como su principal contacto con el exterior.

Regresó a Córdoba en 1833, y fue elegido legislador provincial; llegó a presidir la legislatura durante la gobernación de José Vicente Reinafé. Intentó la expulsión del obispo Lascano, pero éste se refugió en La Rioja y desde allí lo excomulgó. Pero Derqui ni siquiera respondió.

El 7 de agosto de 1835, el gobernador Reinafé fue depuesto por el congreso de la provincia, acusado junto con su hermano del asesinato del caudillo federal Facundo Quiroga en Barranca Yaco. En su reemplazo la legislatura dirigida por Derqui eligió a Pedro Nolasco Rodríguez, pero su parentesco con los Reinafé y el hecho de que no los persiguiera por el crimen motivó la oposición de Juan Manuel de Rosas; para la formación de un nuevo gobierno fue electo Derqui, quien designaría el tribunal que finalmente condenó a los Reinafé.

La figura de Derqui, un destacado antirrosista que hacia públicas su críticas al gobierno porteño, no satisfizo a Rosas, que deseaba un hombre más afín a su perfil en Córdoba, influyó en la realización de nuevas elecciones para consagrar al coronel Manuel López, alias Quebracho; cuando las fuerzas de éste capturaron a tres de los hermanos Reinafé, Derqui fue acusado de negligencia y complicidad con los asesinos y enviado a Buenos Aires como prisionero.

Oposición a Rosas

Fue puesto en libertad poco más tarde, y se exilió en la Banda Oriental; fue secretario del gobierno de Fructuoso Rivera, y ejerció el periodismo. Rivera lo designó en 1840 como enviado a la provincia argentina de Corrientes, donde negoció con el gobernador Pedro Ferré la firma de un tratado de alianza contra el centralismo porteño de Rosas.

Se quedó en Corrientes como ministro de gobierno de Ferré, y cuando a mediados de año llegó el general Paz y fue nombrado jefe del ejército de la provincia, ajustó con él sus responsabilidades. Se identificó con el pensamiento federal de Ferré, que centraba la cuestión federal en la navegación de los ríos y la cuestión de la aduana de Buenos Aires.

A principios de 1841 firmó una alianza con el gobernador santafesino Juan Pablo López, que se había pasado de bando a destiempo. Desde abril de 1841, además, editaba el periódico oficialista “El Nacional Correntino”. Asistió como asesor letrado de Paz a la batalla de Caaguazú. En 1842 acompañó a Ferré a Paraná, cuando Paz invadió Entre Ríos, y de quedó en esa provincia como ministro de gobierno del nuevo gobernador, el mismo Paz. Pero como éste tuvo que evacuar la provincia, terminó nuevamente exiliado en Montevideo.

Regresó a Corrientes a fines de 1843, enviado por Rivera a firmar un tratado con los nuevos caudillos unitarios de la provincia, los hermanos Madariaga. Se quedó por segunda vez en Corrientes, dedicado al periodismo político. Tuvo problemas con Juan Madariaga, que pretendía casarse con Modesta García de Cossio, con quien Derqui se casó en 1845, y que le daría su primer hijo al año siguiente. Esta enemistad hizo que el gobernador Joaquín Madariaga lo alejara de la provincia en sucesivas misiones diplomáticas: firmó una alianza con el presidente paraguayo Carlos Antonio López, y gestionó el Tratado de Alcaraz con el gobernador entrerriano Justo José de Urquiza. Se refugió en Brasil después de la derrota de batalla de Vences, y luego regresó a Montevideo.

Confederación Argentina

En 1852, tras la caída de Rosas y la firma el 31 de mayo de ese año del acuerdo de San Nicolás, Urquiza asumió como líder provisional de la Nación. Sin embargo, la provincia de Buenos Aires no ratificaría el tratado, lo que llevó a su separación de la Confederación.

Urquiza, a cargo de las relaciones exteriores de la Confederación, envió a Derqui en misión especial al Paraguay. Fue delegado por Córdoba al congreso constituyente de Santa Fe en 1853, del cual ocupó la vicepresidencia, y fue uno de los signatarios de la Constitución Nacional Argentina.

En 1854 fue designado para la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública por Urquiza; poco más tarde pasaría a ocupar la de Interior, en la que permanecería durante todo el gobierno de Urquiza. Desarrolló una actividad intensa y de corte fuertemente ilustrado, promoviendo la creación de colegios, la apertura de una imprenta en la Universidad de Córdoba, reglamentando la enseñanza y la educación de los indígenas, nombrando la comisión encargada de la redacción unificada de los códigos jurídicos nacionales, instituyendo la primer Corte Suprema de Justicia de la Nación y proyectando la construcción de una línea ferroviaria hasta Santiago de Chile.

Fue además enviado con frecuencia como interventor a las provincias, donde su prolongada acción le había granjeado conocidos. Fue interventor federal en Santa Fe en 1856 y en la provincia de San Juan dos años más tarde, para solucionar la crisis iniciada con el asesinato del caudillo Nazario Benavídez, y que desemboacaría en la guerra con Buenos Aires, que culminó en la batalla de Cepeda y el Pacto de San José de Flores. Por su vigor y lealtad —pese a no contar con el carisma personal de los caudillos de la época— Urquiza lo prefirió a Mariano Fragueiro y Salvador María del Carril como candidato a su sucesión. En 1860 fue electo como sucesor de Urquiza, y asumió la presidencia el 5 de marzo de ese año, acompañado por el general Juan Esteban Pedernera.

Presidencia

El panorama de aparente concordia en el que asumió Derqui resultó sólo aparente. Las relaciones con Buenos Aires, en las que éste había desempeñado un papel fundamental como ministro de Urquiza, no eran malas. Bartolomé Mitre, quien había sido electo gobernador por esas fechas, negoció con Derqui las modificaciones a la constitución deseadas para reincorporar la provincia a la Confederación. Sin embargo Urquiza, ahora gobernador de Entre Ríos a cargo de las fuerzas armadas, se resistió a lo que consideró cesiones excesivas a los intereses porteños, y entabló negociaciones independientes con Buenos Aires. Las reuniones trilaterales del 9 de julio de ese año entre Derqui, Urquiza y Mitre para celebrar el aniversario de la Independencia resultaron extremadamente tensas.

Sin embargo, el 18 de octubre de 1860 Derqui promulgó la Constitución modificada según los deseos de Buenos Aires; tres días más tarde el Congreso de la provincia la jura, y se establece el nombre de República Argentina para el país en su conjunto. A cambio del apoyo de Mitre Derqui avaló la creación de sucursales del Banco de la Provincia de Buenos Aires en el interior y el empleo de la moneda porteña en la aduana, la principal fuente de ingresos de la ciudad porteña y un bien codiciado por el gobierno nacional.

Urquiza se entrometía constantemente en las cuestiones de gobierno, y Derqui decidió que, para poder hacer una política autónoma, sólo podía contar con un aliado poderoso: el gobierno porteño. Por eso permitió a éste retener el control de la aduana de Buenos Aires por varios años más, y sostener un ejército autónomo.

Urquiza también se esforzó por atraerse a los porteños para mantener su control del gobierno federal, y él también intentó acercarse a Mitre.

El 16 de noviembre las relaciones con Buenos Aires volvieron a tensarse por la rebelión en la provincia de San Juan, liderada por Antonino Aberastain, que culminaría con el asesinato del gobernador José Virasoro; Domingo Faustino Sarmiento, ministro de Mitre, no sólo financió y organizó la revolución, sino que aplaudió el asesinato en la prensa. Derqui designó al gobernador de la provincia de San Luis, el general Juan Saá como interventor. Saá rodeó a los amotinados en la batalla de Rinconada del Pocito, el 11 de enero de 1861 y los redujo; Aberastain, antes de ser fusilado, implicaría a Sarmiento.

A principios de 1861, el gobernador cordobés Mariano Fragueiro derrotó una revolución en su contra, pero la provincia quedó envuelta en el caos. Derqui decidió intervenir el gobierno de la misma, y se trasladó él mismo a Córdoba. Fue el único caso de una intervención federal dirigida por un presidente en la historia Argentina.

Batalla de Pavón

El clima de hostilidad dominó la elección de los delegados porteños a la nueva convención constituyente, en la que se empleó la ley provincial, pese a haberse promulgado normativa nacional para la misma. El gobierno de Derqui declaró nula la elección y convocó a una nueva, pero Mitre se negó a acatar la medida. Urquiza negó su apoyo al presidente, con lo que las relaciones con Buenos Aires se paralizaron. Derqui declaró a la provincia en sedición, y el resultado casi inmediato fue la reanudación de las hostilidades.

Estando en Córdoba, el presidente organizó un ejército en esa provincia y encargó a Urquiza que reuniera la caballería y la artillería del litoral. Igualmente, el presidente intentó seguir negociando, mientras Urquiza negociaba por su parte. Poco antes de la batalla, Derqui decidió reemplazar a Urquiza por Saá como comandante en jefe del ejército de la Confederación, pero por el momento debía apoyarse una vez más en el entrerriano. Cuando se enteró, Urquiza se sintió traicionado por el presidente, como si éste no pudiera elegir al comandante del ejército. El sistema de los caudillos se había metido impropiamente en un asunto nacional.

El 17 de septiembre de ese año Mitre avanzó con más de 15.000 hombres contra las fuerzas ligeramente superiores y mejor equipadas de Urquiza en la batalla de Pavón. La caballería confederada arrasó con el frente del ejército porteño, pero gracias a una hábil estrategia la columna central de la infantería porteña se hizo con gran parte de la artillería de sus oponentes y soportó la embestida. La batalla estaba ún indecisa cuando Urquiza, juzgando demasiado alto el precio a pagar por la victoria, se replegó, dejando a los porteños momentáneamente dueños del campo.

Sin caballería, Mitre tuvo que replegarse a San Nicolás de los Arroyos, con lo que el campo de batalla quedó en manos federales; pero Urquiza cruzó el río Paraná con sus tropas y se encerró en Entre Ríos. El gobierno nacional y el presidente Derqui quedaron así abandonados.

El final de la Confederación Argentina

Algunas semanas más tarde, el ejército de Mitre avanzó hacia el interior, deponiendo al gobernador de Santa Fe y masacrando a las fuerzas federales en Cañada de Gómez; el avance no se detendría hasta dominar todo el interior del país, lo que llevaría a la deposición de ocho gobernadores legítimamente electos.

El 5 de noviembre, Derqui embarcó hacia el Uruguay en el buque inglés Ardent; nunca firmó una renuncia, apenas una carta personal a Pedernera, en la que le pedía que arreglara con Urquiza y revirtiera la situación. Pero era demasiado tarde; Entre Ríos y varias provincias más desconocieron la autoridad del gobierno nacional y delegaron las funciones de éste en Mitre. Pedernera declaró disuelto el gobierno nacional el 17 de diciembre.

Vivió humildemente en Montevideo hasta 1864; las estrecheces que pasó indujeron al Canciller del gobierno de Mitre, Rufino de Elizalde, a ayudarlo a regresar a Corrientes. Cuando el mariscal Francisco Solano López invadió por sorpresa la ciudad en abril de 1865, Derqui se negó a prestarle apoyo, lo que lo llevó a la cárcel brevemente. Cuando la ciudad fue reconquistada por las tropas argentinas, volvió a la cárcel por sospechoso de haber colaborado con la invasión. Al salir, se encerró en su casa para siempre.

El 5 de noviembre de 1867 murió en Corrientes en la pobreza más extrema; sea por enemistad personal con el obispo de la diócesis, el mismo Benito Lascano a quien había expulsado de Córdoba 37 años antes, o por la imposibilidad de sufragar los gastos del funeral, sus restos permanecieron varios días insepultos hasta que una moción popular logró que se le enterrase en el cementerio de Corrientes. Actualmente sus restos descansan en la Parroquia La Santísima Cruz de los Milagros, en Corrientes (Capital).

Era un hombre muy capaz y tenaz, y que muchas veces lograba lo que se proponía. Pero sus costumbres lo hacían aparecer como un holgazán, al punto que a veces despachaba sus asuntos desde la cama. Por lo menos, eso se dijo en su época.

De inclinaciones liberales, era un federal convencido, que buscó con tenacidad la unión del país y la paz. Pero éstas no eran ya posibles; finalmente todos le echaron la culpa del fracaso y nadie lo defendió. Los dos bandos culparon por la guerra iniciada en Pavón quien más había tratado de evitarla, el presidente Derqui.

Justo José de Urquiza

Su padre, Joseph de Urquiza, era un inmigrante vasco que, junto a su esposa Cándida García, se radicaron en la provincia de Entre Ríos, dedicándose a la actividad rural y a la función pública. Luego de la Revolución de Mayo, en 1810, emigraron a la Banda Oriental para seguir siendo fieles al Reino de España.

Regresaron en 1812, y cinco años más tarde Justo José fue enviado al Colegio de San Carlos en Buenos Aires.

En 1819 se instaló en la pujante villa de Concepción del Uruguay, dedicándose a la actividad rural y comercial, para la cual demostró una enorme capacidad. Su hermano mayor, Cipriano de Urquiza, fue secretario y luego ministro del primer gran caudillo entrerriano, Francisco Ramírez.

En 1820 tuvo su primera hija extramatrimonial; más tarde tendría muchos hijos ilegítimos más, e incluso una ley sancionada durante su presidencia legalizaría varios de ellos.

En la década de 1820, contando ya con una fortuna que lo respaldaba, se interesó en la política en un período especialmente turbulento en la historia de Entre Ríos. Como muchos jóvenes del interior, su partido era el Federal.

En 1826 fue electo por los vecinos de Concepción del Uruguay para representarlos como diputado en el congreso provincial. Dirigió la oposición a la Constitución Argentina de 1826, que fue rechazada por su provincia.

Inicio de su carrera militar

Desde 1828 en adelante fue comandante militar y civil de Concepción del Uruguay. Dos años más tarde apoyó la invasión a su provincia del general unitario Juan Lavalle y de Ricardo López Jordán (padre). Tras el fracaso de esa invasión, apoyó otra en 1831 que, al fracasar también, lo obligó a refugiarse en Santa Fe, bajo la protección del caudillo Estanislao López.

Al año siguiente acompañó a Pascual Echagüe en la campaña militar que llevaría a éste a la gobernación de Entre Ríos. Bajo su gobierno, Entre Ríos conoció un período de paz, reforzado por la influencia pacificadora del gobernador porteño Juan Manuel de Rosas. A partir de 1835, éste gobernó como un dictador electo por el voto popular de su provincia. Extendió su dominio sobre las demás provincias, ejerciendo de hecho un poder central que no le correspondía de derecho.Echagüe hizo un gobierno progresista y se ahorró problemas apoyando a Rosas en su oposición a la sanción de una constitución nacional.

Urquiza fue nombrado comandante de toda la costa del río Uruguay, con el grado de coronel. Durante esa década se convirtió en uno de los hacendados y comerciantes más ricos del país y extendió una poderosa red de clientelismo económico, que le serviría más tarde de apoyo político.

La guerra civil

Entre Ríos era un territorio que ocupaba una posición estratégica, ya que estaba cerca de Buenos Aires, de la conflictiva Banda Oriental, del Imperio del Brasil y de la provincia de Corrientes. En su territorio se dieron grandes batallas.

A mediados de 1838, la tranquilidad de la provincia se vio amenazada por la sublevación de Fructuoso Rivera, que derrocó al presidente uruguayo Manuel Oribe. También ese año murió Estanislao López, y Echagüe forzó la ubicación en la gobernación santafesina de su hermano Juan Pablo López.

La primera provincia en rebelarse militarmente contra Rosas fue Corrientes. Su gobernador, Genaro Berón de Astrada retiró la delegación de las relaciones exteriores a Rosas y le declaró la guerra, como así también a Echagüe. Berón tuvo que enfrentar con sus solas fuerzas el ataque que le lanzó Echagüe, uno de cuyos jefes de división era Urquiza.

Los ejércitos se encontraron en la batalla de Pago Largo, cerca de Curuzú Cuatiá, el 31 de marzo de 1839. Fue una completa victoria de los federales, en la que Urquiza tuvo una actuación destacada, y Berón resultó muerto en la persecución que siguió a la batalla. Después de la misma, centenares de prisioneros fueron ejecutados; en general, los correntinos acusaron a Urquiza por esos crímenes.

Después de colocar un gobernador federal en Corrientes, Echagüe pasó con su ejército a Uruguay. Rivera lo derrotó en la batalla de Cagancha, el 29 de diciembre, en la que la indecisión del general Lavalleja fue más importante que la brillante actuación de Urquiza. Desde ese momento, las relaciones de Urquiza con Echagüe fueron muy malas.

En su ausencia, Lavalle había invadido la provincia, pasando a continuación a Corrientes. Allí reunió un nuevo ejército, con el que a mediados de 1840 invadió Entre Ríos. Mientras Urquiza controlaba la costa del Uruguay, Echagüe lo enfrentó en dos batallas indecisas. Urquiza derrotó a uno de los coroneles unitarios en Arroyo del Animal, cerca de Gualeguay. Poco después, Lavalle pasaba hacia la provincia de Buenos Aires; allí intentaría ocupar la capital, pero sería derrotado sin lucha e iniciaría una marcha hacia el norte, encontrando la derrota en Tucumán y la muerte en Jujuy.

Algunos meses después, Echagüe invadió Corrientes, dejando a Urquiza protegiendo sus espaldas. El nuevo comandante de Corrientes era José María Paz que derrotó fácilmente a Echagüe en la batalla de Caaguazú, el 28 de noviembre de 1841.

Llegada al gobierno y continuación de la guerra

Poco después de la derrota venció el cuarto mandato de Echagüe. El 15 de diciembre de 1841, la legislatura eligió gobernador a Justo José de Urquiza. No dejaría el poder en la provincia hasta su muerte, casi treinta años más tarde. Fue gobernador durante 18 años, a lo que hay que sumar seis años de federalización de la provincia bajo su propia presidencia, y cuatro de un empleado suyo. En total, 28 años; más que Rosas en Buenos Aires.

Busto de Urquiza, del escultor Herminio Blotta, en Rosario

Busto de Urquiza, del escultor Herminio Blotta, en Rosario

La situación era muy delicada; Urquiza emitió una proclama, en que decía que

"nadie ha sido colocado al frente de la provincia en circunstancias más difíciles. El mando, desnudo de cuanto halaga, sólo me presenta sus azares."

Enseguida delegó el mando en Vicente Zapata, y abandonó la capital. Días después, Paz ocupaba Paraná y Rivera Concepción del Uruguay. Urquiza se retiró a la isla del Tonelero, protegida por pantanos y arroyos, donde se puso a organizar un ejército con miles voluntarios entrerrianos, a quienes formó militarmente. Entre ellos estaba un joven, hijo de un viejo general que estaba prisionero de Rosas por unitario: era Ricardo López Jordán. Durante un corto período se trasladó a la provincia de Buenos Aires.

Paz se hizo elegir gobernador, pero la falta de ayuda del gobernador correntino Pedro Ferré lo obligó a ir en busca de Rivera, cruzando la provincia. En el camino perdió casi todo su ejército, que pasó a engrosar el de Urquiza. Éste ocupó Paraná sin oposición, y enseguida inició la campaña en el interior de la provincia.

Simultáneamente, Oribe regresaba desde el norte, donde había derrotado a Lavalle, y atacó al gobernador santafesino Juan Pablo López (que se había pasado de bando), derrotándolo con facilidad. Echagüe se hizo cargo del gobierno santafesino y Oribe cruzó el Paraná, siguiendo su marcha hacia el Uruguay.

Rivera tomó el mando del ejército unido uruguayo-unitario. Urquiza se unió a Oribe y juntos avanzaron hacia el río Uruguay, cerca del cual derrotaron completamente a sus enemigos en la batalla de Arroyo Grande, el 6 de diciembre de 1842.

Mientras Oribe continuaba su avance hacia Montevideo, ocupando la mayor parte del territorio uruguayo, Urquiza invadió Corrientes, donde colocó un gobernador federal, Pedro Cabral, y dejó una guarnición entrerriana en Goya, al mando del general José Miguel Galán.

Después acompañó el lento - demasiado lento - avance de Oribe hacia la capital uruguaya, a la que puso sitio. Así se iniciaba el período que los uruguayos llaman la Guerra Grande.

En Corrientes, una reacción dirigida por Joaquín y Juan Madariaga tomó el poder y expulsó a los entrerrianos. Enseguida atacaron Entre Ríos; la defensa quedó a cargo del general uruguayo Eugenio Garzón, mientras una rebelión en el interior de la provincia costaba la muerte de Cipriano de Urquiza. Los correntinos evacuaron Entre Ríos, y Urquiza pudo seguir sus campañas en el Uruguay; allí derrotó a Rivera junto al río Yí, y el 27 de marzo de 1845 lo venció definitivamente en la batalla de India Muerta. Nuevamente fue acusado de haber ejecutado cientos de prisioneros.

El bloque anglo – francés y las actividades de corsarios al servicio del gobierno de Montevideo continuaron afectando al gobierno entrerriano. El capitán italiano Giuseppe Garibaldi saqueó Gualeguaychú; y a los pocos días el griego Cardassy capturó todos los barcos del puerto de Paraná.

Campañas en Uruguay y Corrientes

En Corrientes, los Madariaga habían puesto al frente de su ejército al genearal Paz, que organizó un nuevo ejército. Urquiza invadió la provincia y derrotó a Juan Madariaga en la batalla de Laguna Limpia, tomándolo prisionero. Por su archivo se enteró de que Paz pretendía llevarlo hasta el extremo norte de la provincia, para derrotarlo en una trampa parecida a la que había usado para vencer a Echagüe. Por eso continuó avanzando, saqueó la provincia, se hizo amigos correntinos… Y al llegar hasta la trampa de Paz dio media vuelta y regresó a Entre Ríos.

Desde allí inició negociaciones con el gobernador correntino a través de su hermano. Paz se opuso e intentó derrocar a Madariaga, pero fracasó y terminó huyendo. Urquiza firmó el tratado de Alcaraz con el gobierno correntino, por el cual se arreglaba la paz y se devolvía el encargo de las relaciones exteriores a Rosas, pero Corrientes quedaba liberada de la obligación de apoyar la guerra en el Uruguay, y además se preveía la pronta convocatoria a un congreso constituyente.

Rosas rechazó el tratado y, contra su voluntad, Urquiza se vio obligado a invadir nuevamente Corrientes. Derrotó a los Madariaga en la batalla de Vences o de Rincón de Vences, el 27 de noviembre de 1847. Según sus detractores, Urquiza habría perpetrado allí su peor matanza de prisioneros. Aunque es probable que ésta haya ocurrido, posiblemente se debió a sus aliados correntinos.

Los Madariaga huyeron al Brasil, y Urquiza puso en el gobierno correntino a su amigo Benjamín Virasoro. La guerra había terminado; por supuesto, aún quedaba Oribe sitiando Montevideo, pero se descontaba que la ciudad caería de un momento a otro.

Gobierno de Entre Ríos

Su gobierno fue paternalista, en el sentido de que gobernó sin consultar al pueblo, pero en beneficio de éste. Gobernaba desde Concepción del Uruguay o desde su campamento militar de Calá. En varios sentidos fue muy similar a Rosas y a otros caudillos de la época. Protegió a la ganadería, favoreció la instalación de saladeros de carne vacuna, hizo exigir la papeleta de conchabo a todos los peones rurales, mejoró los caminos y Mejoró los puertos, instaló molinos de agua, y ayudó al establecimiento de pequeñas industrias. Ejerció un poder de policía muy eficaz, pero muy cruel, ya que a la menor falta, los delincuentes eran sencillamente ejecutados.

Ordenó llevar la contabilidad con una precisión desconocida hasta entonces. Impuso un control fiscal estricto, y una dedicación intensa a los funcionarios y empleados; redujo el gasto público sin descuidar las funciones del estado, e hizo publicar mes por mes los gastos e ingresos por la prensa.

Su principal preocupación fue la educación; extendió las escuelas primarias que había fundado su antecesor y fundó nuevas escuelas secundarias, públicas y modernas. La primera que fundó fue la de Paraná, dirigida por Manuel Erausquin. Tras una serie de conflictos con el gobierno de esa ciudad, el cuerpo de profesores pasó al otro colegio fundado por Urquiza, el actual Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Tendría un gran auge durante el tiempo en que Buenos Aires se separara de la Confederación, bajo la dirección de Alberto Larroque, que lo transformó en el colegio secundario más moderno de su época, y por muchos años compitió en prestigio con el de Buenos Aires y el de Córdoba.

Se llegaron a publicar tres periódicos simultáneamente, se fundaron teatros, escuelas secundarias de mujeres, bibliotecas públicas, etc. Llamó a su provincia a varios emigrados ilustres, sobre todo a todo federales antirrosistas, como Pedro Ferré, Manuel Leiva y Nicasio Oroño, pero también a unitarios como Marcos Sastre y otros. El ambiente que se respiraba en la provincia era mucho más libre que el de Buenos Aires u otras del interior.

El ambiente de libertad, que tanto contrastaba con el de la capital, llamó la atención de los emigrados y unitarios. Muchos, como Sarmiento o el general Paz, comenzaron a pensar que Urquiza sería el elegido por la historia para convocar un congreso constituyente y derrocar a Rosas.

El Pronunciamiento

A pesar de que la ciudad de Montevideo estaba sitiada y en guerra con las provincias argentinas, Urquiza logró mantener abiertos los puertos de su provincia al comercio con esa plaza. Según el punto de vista de Rosas, se trataba de contrabando; pero como el gobernador porteño necesitaba a Urquiza, lo permitió de hecho.

Rosas seguía sosteniendo que, dado que el país no estaba en paz, no era tiempo aún de sancionar una constitución. Lo cual era cierto, pero también lo era que la misma política exterior de Rosas mantenía el estado de conflicto exterior constante. De hecho, Rosas fue repetidamente acusado de mantener a la Confederación en guerra, para así posponer indefinidamente la sanción de la Constitución.

A mediados de 1850, cuando la ciudad sitiada de Montevideo estaba por caer, el Imperio del Brasil decidió apoyar a los sitiados. En respuesta, Rosas inició el proceso para llegar a una guerra contra el Imperio. Varios opositores interpretaron que el gobernador porteño estaba abriendo un nuevo frente de conflicto, para seguir posponiendo el momento de la sanción de la Constitución; Urquiza se plegó a esa interpretación, pero aún no mostró ningún síntoma en ese sentido.

Rosas lo nombró comandante del ejército de operaciones contra Brasil, y le envió armamento y refuerzos. Pero, al mismo tiempo, le exigió suspender el tráfico mercantil con Montevideo.

Urquiza comenzó a contactar a los emigrados de Montevideo, y posteriormente también a los representantes del Imperio. Para lanzarse a la aventura de enfrentar a Rosas, necesitaba dinero y la seguridad de que sería apoyado. A principios del año siguiente comenzó a llegar ese dinero, en abundancia, provisto por la cancillería brasileña. Entonces Urquiza hizo su primer movimiento.

El 1ro de mayo de 1851, se anunció el llamado Pronunciamiento de Urquiza. Se trató de un anuncio de la legislatura entrerriana, en que se aceptaban las repetidas renuncias de Rosas a la gobernación de Buenos Aires y a seguir haciéndose cargo de las relaciones exteriores. Reasumía también el manejo de la política exterior y de guerra de la provincia. Por último, se reemplazaba de los documentos el ya familiar "¡Mueran los salvajes unitarios!", por la frase "¡Mueran los enemigos de la organización nacional!".

Dejando de lado el eufemismo de aceptar las renuncias de Rosas, se trataba de una reacción contra la dominación política y económica de la Provincia de Buenos Aires, con objetivos políticos y económicos, ocupando en principio la organización constitucional un lugar secundario.

La única provincia que apoyó el Pronunciamiento fue Corrientes; las demás condenaron en todos los documentos públicos la actitud de Urquiza y, siguiendo el modelo de la prensa porteña, lo tacharon de "loco, traidor, salvaje, unitario…"

Invasión a Uruguay

A fines de mayo se firmó un tratado entre Entre Ríos, el gobierno de Montevideo y el Imperio del Brasil. Acordaba una alianza entre los tres para expulsar a Oribe, llamar a elecciones libres en todo el territorio uruguayo, y enfrentar juntos a Rosas, si éste declaraba la guerra a una de las partes, lo que se daba por descontado.

En julio de ese año, el ejército entrerriano cruzó el río Uruguay. En el camino se le unió la mayor parte del ejército de Oribe, que se puso a órdenes del general Garzón, candidato a presidente de los aliados. Y por el norte entraron los brasileños. El ejército avanzó sin oposición hasta las inmediaciones del campamento del Cerrito, donde se iniciaron conversaciones de paz con Oribe. El 8 de octubre se firmó un pacto entre las partes, por el que las fuerzas de Oribe se incorporaban al ejército de Urquiza, y un olvido de todas las querellas, "ni vencedores, ni vencidos". Oribe se retiró a su estancia, donde moriría pocos años después.

Urquiza incorporó a su ejército, a la fuerza, las tropas argentinas que sitiaban Montevideo, pero dejó escapar a sus jefes. Entre los que se retiraron a Buenos Aires se contaban algunos jefes valiosos, como los coroneles Jerónimo Costa, Hilario Lagos y Mariano Maza.

El congreso uruguayo tuvo que firmar un tratado con el Brasil, por el que se le reconocía al Imperio el derecho de intervenir en su política interna y se le entregaba una gran franja limítrofe, hasta entonces en disputa entre los dos países, poco menos de la tercera parte de su superficie.

Caseros

Rosas declaró públicamente la guerra al Brasil, lo que permitió a Urquiza firmar un nuevo tratado de alianza contra el gobernante argentino.

Urquiza regresó a Entre Ríos, donde reunió el llamado "Ejército Grande", formado por tropas entrerrianas, correntinas, los emigrados unitarios, los soldados argentinos del sitio, unidades "coloradas" del ejército uruguayo y tropas del Imperio. Con ellas cruzó el río Paraná en buques brasileños y, aprovechando la defección de varias unidades del ejército de Rosas, derrocó al gobernador santafesino Echagüe.

En camino hacia Buenos Aires ocurrió un hecho que mostraba la lealtad de los porteños hacia Rosas. Un regimiento entero se pasó a las fuerzas de Buenos Aires, asesinando al coronel unitario Pedro León Aquino y a casi todos los oficiales; eran de las fuerzas porteñas que habían sido obligadas a unirse a Urquiza en Montevideo.

Como de costumbre, Rosas puso al mando de las fuerzas de la provincia al general Ángel Pacheco; pero éste no respondió como debía y dejó avanzar al ejército hacia la capital. De modo que Rosas cometió un grave error estratégico: asumió él mismo el mando de su ejército y esperó a Urquiza cerca de su campamento de Santos Lugares.

El 3 de febrero de 1852 se encontraron los 24 mil hombres de Urquiza con los 23 mil de Rosas en la batalla de Caseros. Fue la batalla más grande que se haya dado jamás en América del Sur.

Tras pocas horas de batalla, la victoria fue para Urquiza. Hubo muchos ejecutados, como los coroneles Martiniano Chilavert y Martín Santa Coloma; y todos los soldados del regimiento de Aquino, que fueron colgados de los árboles del parque de Palermo.

Rosas se exilió en Inglaterra, y Urquiza asumió por sí mismo el gobierno provincial. Dos días después de la batalla nombró gobernador a Vicente López y Planes.

El 20 de febrero, el comandante brasileño anunció el desfile triunfal en Buenos Aires. Pero Urquiza recorrió la ciudad sin esperar al ejército brasileño, ya que era una humillación especialmente buscada, dado que era el aniversario de la victoria Argentina de Ituzaingó.

La Constitución

Enseguida comenzaron a llegar los emigrados desde Montevideo, que pronto coparon el gobierno en la ciudad.

Urquiza envió al interior a Bernardo de Irigoyen, con la misión de entrevistarse con la mayor cantidad de gobernadores posible para invitarlos a una reunión de gobernadores, a celebrarse en San Nicolás de los Arroyos.

La reunión se llevó a cabo los últimos días de mayo, y allí se acordó reunir un Congreso Constituyente en Santa Fe, con dos diputados por provincia. Además se daba a Urquiza el cargo de Director Provisorio de la Confederación, sin definir realmente sus funciones.

La legislatura porteña rechazó el Acuerdo, ya que quería tener más representantes que las demás provincias; pero se escudó para el rechazo en el cargo concedido a Urquiza. Éste simplemente disolvió la legislatura.

Pero el 11 de septiembre, una revolución llevó al poder a los unitarios porteños y sus diputados no se incorporaron al Congreso. Urquiza estuvo a punto de imponerse por la fuerza, pero a último momento decidió creer en las posibilidades de negociar con los porteños. Pero los unitarios porteños no volverían a incorporarse al resto del país sino siete años más tarde, y por la fuerza.

El gobierno porteño lanzó una invasión a Entre Ríos, que fracasó por completo, pero aún así Urquiza se negó a atacar a la provincia rebelde. En cambio, el coronel Hilario Lagos se lanzó a la rebelión contra el gobierno porteño, y sitió la capital de su provincia. Llegó a formar un gobierno paralelo en San José de Flores y a gobernar el resto de la provincia, pero aunque Urquiza se unió al sitio, la ciudad resistió.

El Congreso sesionó sin la presencia porteña, y aprobó una Constitución federal y liberal, adaptación de José Benjamín Gorostiaga al proyecto de Juan Bautista Alberdi. Éste copiaba en gran parte la constitución de los Estados Unidos, pero tenía también influencia de la Constitución Argentina de 1826.

Urquiza obligó a los diputados federales a aceptar el proyecto de Gorostiaga, e incluso hizo que varios renunciaran, negándoles el pago de sus dietas. De esa manera logró que el 1ro de mayo de 1853 se sancionara la Constitución. El 9 de julio, la Constitución era jurada en todas las capitales de provincia.

Hasta la reunión del Congreso Nacional, el Congreso Constituyente se hizo cargo del Poder Legislativo. Las principales leyes que sancionó fueron la que a Paraná capital del país hasta que Buenos Aires se uniera al mismo, y otra aprobando un tratado de libre navegación de los ríos con Francia e Inglaterra, que ponía el derecho de navegar los ríos interiores en igualdad de condiciones con la navegación en alta mar, esto es, completamente libre de todo control.

En el mes de junio, el soborno a los jefes de la escuadra federal obligó a levantar el sitio de Buenos Aires.

La Presidencia

En marzo del año siguiente, los Colegios Electorales de las provincias lo elegían presidente de la Confederación Argentina, con el unitario sanjuanino Salvador María del Carril como vicepresidente. Asumió el 1ro de mayo de 1854.

Una de sus primeras medidas fue federalizar no sólo la ciudad de Paraná, sino todo el territorio de la provincia de Entre Ríos. De este modo, Urquiza seguía gobernando su provincia, aunque las municipalidades conservaron cierta autonomía.

Su gobierno se dedicó especialmente a la educación y a la instalación de tribunales de justicia. Nacionalizó el Colegio y la Universidad de Córdoba y el Colegio de Concepción del Uruguay. También hubo proyectos de construir un ferrocarril hasta Córdoba. Hizo construir edificios públicos en Paraná, y comenzó la instalación de colonias agrícolas de inmigrantes en su provincia y en el resto del país.

Durante casi la mitad del tiempo de su gobierno, no residió en Paraná, sino que gobernaba desde el Palacio San José, que se estaba construyendo cerca de Concepción del Uruguay. Durante sus ausencias lo reemplazó Del Carril, como establece la Constitución, pero éste tenía muy malas relaciones con el ministro del interior, Santiago Derqui; con el tiempo, ambos terminaron liderando partidos opuestos dentro del mismo gobierno.

Su gobierno fue, sin embargo, estorbado por la oposición de Buenos Aires, que protagonizó la secesión de la Confederación. Desde Santa Fe y Entre Ríos se lanzaron varios ataques hacia la provincia rebelde, pero éstos terminaron con la cruel represión de la invasión del general Jerónimo Costa, en 1855, que fue ejecutado sin juicio junto con casi todos sus oficiales.

En las relaciones exteriores, Urquiza logró la paz a cambio de la libre navegación de los ríos interiores, y reconoció la independencia de Paraguay. Se regularizaron las relaciones con la Santa Sede, rotas desde la Revolución de Mayo. Pero las embajadas más importantes se instalaron en Buenos Aires y no en Paraná, que era poco más que un pueblo sin ninguna comodidad.

El embajador en casi toda Europa era Juan B. Alberdi, que estableció relaciones cordiales con los países europeos. Su gestión más importante fue lograr el reconocimiento de la independencia argentina por España, pero cometió el grave error de conceder que los hijos de inmigrantes españoles fueran ciudadanos españoles. Eso significaba convertir a la muy necesaria inmigración en una amenaza a la nacionalidad Argentina.

La economía también le trajo serios problemas, ya que el comercio exterior seguía pasando por Buenos Aires, y las finanzas estaban permanentemente en rojo. La emisión de papel moneda organizada por su primer ministro de economía, Mariano Fragueiro, fue un fracaso. Por ello se vio obligado a contraer empréstitos en el exterior, especialmente de la banca del brasileño barón de Mauá. Como la situación no mejorara, se sancionó la ley de "derechos diferenciales", con la cual se pretendía favorecer la entrada del comercio exterior directamente por los puertos de la Confederación, especialmente por Rosario.

Cepeda y San José de Flores

Ninguno de los intentos de Urquiza de reincorporar Buenos Aires prosperó, y en Buenos Aires crecía la idea de declarar la independencia. Los gobiernos porteños apoyaban cualquier revuelta liberal contra el gobierno de la Confederación, pero no lograron poner en peligro la estabilidad de ésta.

Pero en 1859, el caudillo sanjuanino Nazario Benavídez, amigo de Urquiza, fue asesinado. Su muerte fue festejada en Buenos Aires.

Urquiza perdió la paciencia. Exigió la entrega de los asesinos e intervino el gobierno de la provincia. E inmediatamente lanzó un ultimátum contra Buenos Aires: o se reincorporaban, o iría a la guerra.

Buenos Aires eligió la guerra, y Urquiza derrotó al general Bartolomé Mitre en la batalla de Cepeda. A continuación avanzó hacia Buenos Aires y exigió la reincorporación. El gobernador Valentín Alsina renunció y se firmó el Pacto Unión San José de Flores con su reemplazante, Felipe Llavallol.

De acuerdo con el mismo, la provincia rebelde revisó la Constitución y propuso modificaciones a la misma, que fueron aceptadas sin discusión por una Convención Constituyente especialmente reunida en Santa Fe en 1860.

Pero según el punto de vista de los federales del interior, en vez de castigar a la provincia por su rebeldía, se la había premiado. La elección de Mitre como nuevo gobernador era casi una garantía de que la provincia no aceptaría incorporarse a la Confederación, a menos que se le permitiera controlarla.